Para Manuel Hernando Sánchez, el derecho es una razón universal y que todo ser humano tiene al no ser privado de la vida y su dignidad. Es decir, de vivir la propia vida.

El derecho a la vida está consagrado en el artículo 3º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos promulgada en 1948, el cual dictamina que: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad”.

Según  Sánchez, los Estados y las instituciones sociales tienen el deber de proteger, respetar y garantizar la vida de los seres humanos en toda circunstancia. Esto no se limita solo a evitar la muerte y el asesinato, sino a fomentar condiciones óptimas para el desarrollo de una vida digna. En virtud de esto, se considera una violación del derecho a la vida todo intento deliberado por dañar, lastimar o privar de la vida a una persona.

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Esto ha inspirado y fundamentado la mayor parte de tratados internacionales y constituciones del mundo desde su promulgación, ya que tiene implicaciones diversas. Entre ellas:

  • El derecho a la libertad.
  • El derecho a la seguridad.
  • El derecho a la supervivencia.
  • El derecho al desarrollo pleno.

El espíritu inicial que acompañó la formulación del derecho a la vida en 1948 fue el de contener y poner fin a la represión y el abuso del aparato estatal y gubernamental en contra de la vida de los civiles, que había alcanzado niveles monstruosos en la Segunda Guerra Mundial.

Tanto el Holocausto como otros desastres de la guerra pusieron en evidencia la urgente necesidad de proteger a las personas frente a la pena de muerte y las políticas de exterminio acometidas por los gobiernos.

Dicho lo anterior, es fundamental e indispensable para que pueda darse el disfrute de la libertad, la seguridad y el desarrollo pleno de la persona en un ambiente de garantías sociales.

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